miércoles, 8 de abril de 2015

Sí. Y gracias.

Si. Yo sé que a veces hasta te incomoda. Sí, ya sé que es un apéndice inutil y perverso que han tallado en tu rostro la indecisión y el minimalismo, ya sé que los deseos frustrados y el cariño inverso de aquellos besos que no supieron donde descansar tendrán algo que ver. Sí, ya sé que puedes no tener la culpa de tanto como haces, que quizás tu corazón esta bloqueado en absurdas sandeces y preso de la ignorancia que late en los epitelios de la resignación. Pero esa mascara inmaculada, prolongada en la quietud arrogante de la humanidad mas insolente me desquicia. Me hiere ver que buscas el desprecio como el lenguaje que nos separa, me duele comunicarme con un muro de lamentaciones acristalado con el suave terciopelo de la sabiduría impertérrita de un alma innoble. Me satura el perfume de fuerza extrema que penetra mis burdos conocimientos usurpándolo con el látigo humillante de tus versos, me perturba la fusta que atraviesa mis tejidos con el desprecio más inútil; me incomoda. Perdóname, pero las últimas salpicaduras de sangre sobre mi ropa me han dejado pensativo, no soy de dar lecciones, pero tampoco de recibirlas de esta manera. Las puertas de mi alma se cierran a esta sangría de perversidades enmascaradas, me aburre la miscelánea de cumplidos ensangrentados, de tristes epitafios redactados en vinagre, me escuecen los poemas que resbalan de mis heridas con halagos descontrolados, y sobre todo, me aturde que hagas un planning de mis emociones, más que nada porque mi vida no la quiero para nadie mas que para mi, porque amo mis locuras tanto como mis sueños, porque amo mis virtudes mucho menos que mis imperfecciones, y sobre todo, porque estoy enamorado de la vida que vivo tanto como de la forma en que lo hago. 

3 comentarios:

Manuela dijo...

Perversidades enmascaradas y cumplidos ensangrentados...qué fácil es para mí reconocer esas actitudes y cuánto duele ser víctima del dolor casi tangible que ellas provocan.
Pero quizás escondida a conciencia, hay belleza en ese sufrimiento, pues bellos son los poemas que resbalan de tus heridas, las lágrimas que temblando se quedan en las pestañas de unos ojos que no acaban de romper.
Sigue amando la vida y ese vínculo especial contigo, es eso lo que nos salva.

Un beso

Anónimo dijo...

Qué bien escribes!!!!

Miguel dijo...

Manuela, yo creo que a mi me salvan tus palabras, tus visitas, tus reflexiones. Gracias.

Más importante que escribir es saber leer como tú lo haces. Gracias.