martes, 25 de febrero de 2014

SER (Soluciones de existencia por resolver)

Cuando ando buscando respuestas siempre hallo mil preguntas, cuando tengo mil preguntas nunca encuentro las respuestas, pero el caso es que hasta estos pequeños caprichos de la existencia me siguen pareciendo interesantes. Dudar nos hace tan fuertes como existentes, tan sagaces como vivos, vigilantes, y yo creo que hasta nos hace crecer con una sibilina inquietud que hace de ti una persona que no conocías. En esas andamos, detrás del capricho de esta existencia indolora con su perenne alternancia de vientos que soplan a su antojo como un papelillo callejero caído en lo alto de alguna plaza y viajando por el duro empedrado de mármol del castizo barrio bajo.


A veces, cuando sientes que la duda es una forma de existir, el cansancio se hace tan fuerte que termina por deprimir las miradas y ensimismarlas en un hastío difícil de curar, con risas acristaladas que solo viven en rostros ajenos. Pero cuando la sensación es tan sutil como pasajera, es como recorrer el precipicio de puntillas por su afilado canto con la mirada baja y temerosa. Se tratará de no afilar las uñas que te sostienen ni hacer fuerte los colmillos que revuelan tu sien, tan solo acariciar el péndulo con una sonrisa, con el temple nervioso de quien se sabe suficiente para sufrir con las dosis justas de paciencia. 

La vida tiene estas cosas, estos sueños de cristal que solo han de romperse cuando amanece, estas pesadillas llorosas que duermen detrás de la cortina rusa y ese nervio tembloroso del sentimiento que aniquila el triunfo. Y todos duermen en ti,  en el valor de los brazos que te sostienen, en los labios que sonríen a tus errores, en los sueños, y en como te piensas para triunfar, como te ven tus ojos y cómo te sientes tus manos. Hoy seremos mejor que antes, y mucho peor que después, tal vez, mañana, pero sería osado dar grandes zancadas, porque podemos caer siendo nada.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Solo un ser es capaz de entenderlo...

Hoy, que ya llegó la triste noticia a todos los lugares que debía llegar a tiempo, puedo recordarte como mereces. Con la ausencia de grandezas, con la dignidad de quien hacía bien su trabajo cada mañana, como la compañera de las noches interminables, como el suspiro bendito de la jubilación anticipada, como el ángel de la guarda de los sueños que nunca se cumplen, de las penas que se lloran, o tal vez el alma de aquellos rincones que quedaron solos a la sombra de las tentaciones. Y es que tu sencillez, a veces terca y siempre sonriente, llenó nuestras vidas de ternura, de magia incansable de tus hazañas inhumanas. Tu sabia mirada conquistó los más duros corazones, allanó las montañas y descendió por los valles como aquel por el que resbalaron tus ilusiones una mañana de caza.

Nos queda tu esencia, tu compañía, tu ternura, y sobre todo, tu mirada. Vivirá por siempre en aquellos rincones en los que demostraste que admirabas al hombre por ser hombre, que idolatrabas la condición humana, pensando que tal vez eran perfectas nuestras sublimes imperfecciones. Y solo porque vivías en un edén sin flores, sin grandes perfecciones pero lleno de cariño a ti y a tus muchas bondades. Te admiramos tanto que no sabría resumirte, que no caben tus perfecciones en un pequeño texto, que no sería suficiente con pensarte, con imaginarte, con soñarte, pero no hay solución a este enigma, a este inmenso dolor que nos dejaste. 

Hoy, tu vacío no lo llena nadie, mañana seguro tampoco, porque hay lugares irrellenables que la memoria tal vez ocupe con tus fotos y tus imágenes. Quedarás por siempre donde mereces, en el mejor lugar de nuestros corazones.
Solo un animal como tú es capaz de ver un mundo imperfecto y cruel como un paraíso, solo tú eres capaz de ver en colores un universo lleno de grises, solo un ser como tú es capaz de entenderlo todo. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

Y si te toca la loteria... ¿conoceré a Batman?

Yo no creo en los ciclos, ni en las etapas, ni tan siquiera en las partes del todo. La vida es un boceto lleno de viñetas en blanco y negro que, o las coloreas o se imprimen en papel reciclado y empiezan a oler a celulosa cuando se cierran. Y digo que no creo que exista nadie quien dirija tus pasos más allá de las casualidades y oportunidades de esta vida caprichosa que a veces no es como queremos que sea. Estos caprichos vienen a refrescar esos cimientos anquilosados en la insana podredumbre del acomodo, pero a veces vienen a llevarse de un golpe el mejor edificio de cuantos conseguis-
te pilotar. Se trata de buscar lo positivo, y de dar colores a las viñetas para que se impriman en cuché, para que huelan siempre a nuevo y para que brillen como los libros impolutos cada vez que los abras, y su olor te recuerde aquellos buenos momentos.
A veces cuesta creerlo y casi que entendemos que la vida está hecha de casualidades que brillan solo del lado del rico, que tienen la esfericidad perfecta cuando la vemos en el hombro ajeno, y que se avinagra, se reduce y se decolora cuando llega al pórtico de nuestra existencia. Tal vez tengamos que deformar los sueños, que taxonomizar los deseos y desestructurar la razón para ver más allá, tal vez. Pero seguro estoy que tendríamos que retroceder tantos años como fuera necesario para volver a las infancias que nos vivieron, a aquellos sueños y metáforas que pernoctaban en nuestras ausencias. Porque tu sueño (el mio), el de él pasa por ver en tus (mis), sus manos la aritmética perfecta de un pedazo de papel coloreado que haga crecer tus cuentas en proporción a tus deseos. Mientras, aquellos años atrás, hoy para muchos, los sueños eran diferentes, son muy distintos y anidan en las manos de un superhéroe, o en una tarde de sala inbuidos en alguna fantástica peli. Los sueños no tienen edad, tienen experiencia, vida, y formas tan distintas que se esfuman y mueren en la existencia de una vida corrosiva, de un impulso intranquilo que oxida con la inercia del crecimiento las formas y los sentimientos.

¿Crees que lo haría?

Y tú sin saberlo. Buscándote sin descanso, casi sin saber tu nombre, sin saber de ti apenas un par de letras y volviendo una y otra vez a pensarte y llevarte conmigo a todas partes; la metáfora de la vida. El apunte impulsivo de un deseo impertinente que viene a reconvertirnos, a reconfigurar el metabolismo de nuestra existencia. Dispuesto estoy a condicionar mi vida de todo cuanto me traigas. He luchado tanto por encontrarte que estoy preparado para ello, he pensado tantas veces en que te iba a encontrar que el día que aprezcas me sorprenderás tanto como la primera vez. Menos mal que no estoy solo en tu ausencia, y digo esto, porque te echo tanto de menos que te busco días y noches, y no son suficientes las horas para soñarte.Porque no tengo la sensación de que te perdí, pero si de que siempre estuviste conmigo, por eso sigo buscando sin descanso tu nombre escrito en algún lugar, o tal vez una pista de tus ojos en alguna noche con la suficiente luna como para deslumbrar mi ceguera.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Hoy

Hoy se acaba todo. Hoy empieza todo. Existiría todo un diccionario de bellas palabras para pincelar el boceto perfecto de una despedida, para cincelar a martillo una bienvenida inolvidable como el insólito reencuentro del caminante. Tal vez por la costumbre, que pronto se marcha a lugares olvidados, tal vez por el apego o la indecisión humana, los cambios siempre generan la incertidumbre perfecta y necesaria para la supervivencia. "Así no te relajas...". Todavía llevo en las yemas de mis dedos esa expresión que me llegó de refilón y que me golpea a oscuras con una mirada sospechosa. No sé si pensar que quien me lo dijo deseaba perderme de vista o acaso no llegó nunca a conocerme, a entenderme, o a ver más allá de mis debilidades. Cuando el ser humano sobrevive, tal vez necesite los cambios para subsistir, para no caer en la relajación y que venga un predador mayor a acabar con sus sueños. Pero yo me dedico a vivir, simplemente, y no necesito los cambios para evitar ser presa de alguien. Sea como fuere, hoy es un nuevo día, un nuevo año y una nueva forma de vivir, aquella que mira la vida desde un balcón que vislumbre los azules y los blancos con perspectiva, con la de antaño, con la terca mansedumbre de quien quiso inventar letras de fonemas, con la sutil melodía literaria de un romántico empedernido, con el amor de noches y rondas de un soñador, de un amante de su pueblo, de un poeta depresivo enamorado de sus raíces. Allí, en el pedazo de pan de trigo con alma de vino, allá construiré sueños, intentaré vaciar los caminos de piedras, pintar azules los días nublados y desembarcar lo mucho que me traigo de la tierra descubridora. Al fin, es una nueva oportunidad de aprender, de usurpar más historias de vida con las que enriquecer la mía propia, de manosear los diarios de otros caminantes y robarles páginas con las que escribir el libro de mi vida, algo empolvado pero intacto. Hoy se acaba todo, pero hoy empieza todo. La vida no espera, el camino tampoco, seguiré preguntándole a mi intuición, tomando café con la felicidad y quedando para mañana, y como no, le daré la mano a mis sueños que siempre llevan puesto el gps.

domingo, 23 de junio de 2013

Desajustes térmicos de la condición humana

En esta indisoluble convivencia soportable con mi humanidad, en el resquicio de mi condición inestable y semi perversa que se adivina cuando se tiñe la cúpula celeste, me ha golpeado un pensamiento que bien necesitaba de estas líneas para alimentar su coherencia. Llega este verano fluctuante con sus vicios y desmanes a sentarse en el porche de cada uno de nosotros como invitado de honor, presto a ser recibido con la sonrisa de siempre. Acostumbrados ya, a vivir presos de los grados y de telediarios repetidos, copias exactas de golpes de calor, insolaciones, cuidados de la piel y especialistas varios con sus consejos hidratantes y térmicos, no dejaba de pensar en una idea que ha terminado por derretirse. La vida nos ha hecho seres inestablemente caprichosos, vulnerables, sentimentales, idólatras, vulgares y cambiantes. Hace escasos días maldecíamos las últimas gotas de esta lenta primavera al despedirse, añorando esos rayos pegajosos de sol de piscina. En pocos días maldeciremos las tardes soporíferas de ancianos a las puertas de sus casas buscando el aliento fresco de los primeros albores de la noche, a camisa abierta y mano en ristre. 
Quizás, y buscando la convergencia perfecta, hallaríamos un calendario inverso, mezclando días y meses al antojo de la perfección y alternando semanas de mayo con otras de diciembre, quincenas de enero con veraneos de agosto. Se me antoja un imposible, lo sé, pero no por ello estoy libre de pensarlo, de creer además que no solo me pasa a mi, y de asumir que el capricho humano está clonado en nuestros genes como el deseo de ser que cada uno desarrollamos. Sería una quimera, un retorcido invento, pero no por ello menos indeseable, o acaso no pensaste una noche de agosto en tu abrigo de plumas, o acaso no miraste con  lujuriosa añoranza una lluviosa y fría tarde de enero, las mañanas soleadas de mayo. Al final, todas las líneas tienden al infinito, el mismo punto donde se encuentra el deseo humano, en lo incalculable, en lo imposible, en el frenético deseo de lo cambiante, lo novedoso, lo diferente. La naturaleza inconformista que nos define nos hace más libres, quizás por ello nunca debería cambiar, somos natural y maravillosamente así, de otra manera todo en el mundo sería homogéneo, porque no quiero pensar que el calor y el frío también lo deciden los de arriba, o tal vez sí. ¿Por eso hablan de un verano más corto? 
Malvados pensamientos estos, será el calor, pero hay días que no la encuentro, dichosa ella que sabe encontrarse y perderse. A tus pies, que allá donde fueres, haga frío o calor, te hallaremos, no obstante, me divierte mucho más buscarte, que el día que te encuentre ya no lo serás tú. ¿Sabes de quién te hablo, verdad?