lunes 13 de febrero de 2012

Recetas para dormir

Duerme Kelvin en mi memoria...
 No necesito las caricias de tus hombros, ni los epitafios de tus manos, ni la espuma que deja el mar a mis pies al descender la marea. Yo no necesito nada de lo de antes, ni siquiera los desprecios, ni el olvido, ni los labios clavados en el acero, ni los arañazos de tus ojos.

Solo quiero la paz de tu mirada, el remanso de tus manos donde despiertan las mañanas, los versos que desayunan en mi cama, el amor secreto que duerme en mi almohada. Solo una vez más, un suspiro de ti entre mis manos, una calma densa en mi horizonte, un retrato de tu perfume de madrugada. Esta mañaná te llamé, y como siempre, comunicaba...

lunes 30 de enero de 2012

Escuchar



¿Otra vez te has ido? Ya sabía yo que no aguantarías más de un minuto esta parrafada inútil que necesito contarte. Me paso los días inventando personajes que den respuesta a mis mensajes, bufones bostezantes que asienten resignados.
Los imagino tristes, somnolientos y cansados. Siempre llego a visuali-zarlos sentados, casi resbalados de un atril incomodísimo de madera, sujetando la pendiente inversa de su cuerpo con la izquierda e indómita mano deseosa de caer buscando una excusa para hacer oídos sordos a mis réplicas.

Y es que tú sabes que yo necesito esa ceguera oyente de tu resignada amistad, esa cálida mirada de aceptación en un mundo de rechazos, una verdad entre esas mentiras esputadas en las calles, una mano amiga entre tantas piedras que uno esquiva desde que abre las sábanas de su cama. Dime tú si conoces alguno más como yo, que vaya inventando imágenes donde no existen, o simples rostros efímeros. Dime tú si sientes ese deseo imparable de contar las historias que aprisionan tus pasos al andar. Dime tú, si en un mundo de mentiras tiene sentido restregar las verdades por los adoquines sabiendo que no se grabarán jamás, que quedarán escritas como el sueño de un amor en la arena.

Dime tú. Mientra yo sigo buscando lacayos y no encuentro más que paredes, unos ojos de cristalino inteligible que calma esta aspereza que me persigue. El caso es que estoy empezando a comprender que antes de desfundar la pluma debo oídos al mundo, a sus historias, a su soledad, a su necia pero abstraída resonancia. Al eco que duerme en la orilla desde la que te escribo, a los versos que se hacen en la arena, en la espuma del mar y a las historias que nacen de las entrañas de lo humano, solo allí vive la verdad, porque aprendemos en nosotros lo que nos dan los demás; escuchar, que gran secreto.  

miércoles 18 de enero de 2012

Idilios

No me obligues a pensar que no soy más que producto de mi existencia. Yo no era así, yo no soy así, tú tampoco. Esto es una casuística de los bandazos de esos temporales de la vida que me han traído hasta aquí y que me han hecho encontrarte. ¿Quién si no iba a saber que tú y yo no somos quienes somos? El día a día no iba a ser fácil, no lo fue y nada indica que lo esté siendo. Convivir contigo es de los retos más apasionantes de mi propia vida, y la lucha más incansable e interminable de mi existencia. Si te digo que no me acuerdo de ti vendrás con la escoba de tus reproches. Si pienso en ti a diario te esfuerzas por hacerme el perfecto idiota que odié siempre. Todo en su justa medida es tan sano como conocerte. El caso es que algo existe en el límite infinito y absurdo que nos separa, que nos hace apasionadamente indivisibles. No sería capaz de escribirte con la perfección con la que te imagino, gastaría verbos inútiles, adverbios obsoletos y adjetivos cursis. Cuando te dibujo siempre imagino una sonrisa, un libro, y un sueño, pero hay cosas que no puedo representar, entre otras la luz. No se muy bien como explicarlo, pero sucede, y a veces se va y a veces vuelve. Entre tú y yo, entre la gente. Entre las manos, entre los libros: tu sueño- o tal vez el mío-.
Todo no son, ni van a ser, ni serán halagos; no lo están siendo. Lo nuestro es así: a mi manera, a la tuya, a la de ambos, o tal vez a la de ninguno. Sucede que será como sea, pero será siempre. Yo no se si tuve la suficiente capacidad para elegirte; me hiciste tuyo. Yo no juro banderas, ni piso altares con prejuicios, ni tan siquiera firmo compromisos sin conocerte. Pero este, me da que será para siempre, al menos para mi, no sé si quieres. Yo no pido por pedir, no es un capricho, es una forma de vivir, de conocerte, de ser parte de ti, de lo que sientes y haces sentir. Nadie dijo que fuera facil, mejor así, tú en tu sitio como corresponde, yo en el mío, de momento. Tú, Educación, y yo uno más, convencido de lo que hago, aprendiendo. Nos podríamos llevar mejor, pero está bien así, tu Ciencia y yo con mis defectos y mi soledad.

sábado 24 de diciembre de 2011

Vistas

Se me ocurrió subir al mirador al anochecer. Me costó tanto subir que el aliento lo buscaba en esas palabras tuyas que me susurra el silencio y en los besos que guardo en los bolsillos para recordar el olor de tus labios. Cuando llegué había un solo balcón inclinado sobre el pecho de esta ciudad bendita. Sus ojos dulces y su sonrisa de niña paseando de madrugada. La lágrima cristalina que se derramaba por los tejados de las casas disipaba las luces como lanzas que iluminaban el cielo oscuro de un día de cualquiera de Navidad. Aquí no nieva como dicen los cuentos, aquí los sueños duermen a la orilla de la marisma, se mecen en una barcaza que cruza el río y los deja en la marea. Aquí las palabras duermen en los pasos de sus gentes, los versos escriben los libros que dibujan los paisajes, aquí la música hace bocetos con tus calles, aquí la Navidad nace con tu sonrisa, con el aroma de tus plazas y el mirador desde donde veo esta noche las estrellas que vienen a verte por ser tú, quien eres. P.D.: ¡Feliz Navidad a tod@s!

domingo 11 de diciembre de 2011

Al otro lado

Esa sensación extraña de estar al lado, escuchando la respiración de la madera, sintiendo el suspiro de la mirilla, y el crujir seco de una manilla recién abierta. Esa sensación extraña de escuchar pasos en mis entrañas, de palpitar con el eco de los versos, de beber de las palabras que no llegan a humedecer mis labios. Esa sensación extraña de dormir junto al quicio frio y áspero de su suelo esperando sonidos, poemas, o un extraño beso. Esa sensación extraña de morirse vivo, de quemarse en un infierno sintiéndose preso, de ser reo de la piedra que ata tus pies al suelo. Esa sensación extraña de no tener el valor para abrir la puerta que nos separa, de humedecer el tiempo en los besos de tus manos, de sentir tus latidos hasta hacerlos míos, de abrazar tu cuerpo abrazando el mío. Esa sensación extraña de pensar que estabas lejos, que te habías ido, esa sensación extraña de perder el tiempo, esa inútil sensación de ser cobarde y no tumbar la distancia con las cartas que te escribo, esa huida a destiempo de mi propia vida. Esa sensación extraña de no ser yo, sino quien he sido.

jueves 24 de noviembre de 2011

Apuntes

Tropezando a diario con esquinas que se tuercen, con cielos grises antes de anochecer uno se acostumbrar a dejar en el paladar el regusto de un buen sorbo. Tomé el cuaderno y casi no tuve tiempo para afilar el lápiz cuando me veía escribir: `somos lo que pensamos en ese momento´. No hay más verdad que la que sale del corazón ni mas ideal que el que se piensa en el mismo instante que se cuenta. Ha sido el impulso justo para dormir la luz que aún queda en la mesa junto a mi cuaderno, la oración perfecta para escribir los sueños en mis sábanas y la reflexión exacta para ajustar el día como merece. Tanto afanarnos en mantener los ideales, los pensamientos, las verdades y miserias de uno mismo ,sin pensar lo que conlleva. Ya no voy a luchar más conmigo mismo, voy a ser lo que pienso en cada momento, lo que sueñas añadiría yo, y lo que deseas. No hay más libertad que la del pensamiento, ni más intimidad que la de uno mismo.