domingo, 9 de marzo de 2008

Y el mar se llenó de Luz

En su brava crecida, la mar llegaba tenue y parsimoniosa, lloraba y mecía en sus bazos la injusticia, clamaba al cielo la crueldad humana. A sollozos transportaba en lágrimas su cuerpo, lo devolvió como pudo, Colón la miró y resbaló por sus mejillas la tristeza, porque Huelva te quería ver gritar en tu barrio del Torrejón, jugar, sonreír y amar la vida en las esquinas como hacen los niños cuando la vida perdona la existencia. Testigo mudo de un camino largo hasta otro mundo, acompasado y tristón, moribundo y compasivo deambulaba, ahogándose en las orillas y gritando justicia en cada beso de arena. Te ha traído hasta tu casa, te ha rescatado del infierno, pero aún me pregunto por qué. Por qué mereciste ser un segundo equivocado del reloj que marca la existencia, por qué ganaste el pulso a la injusticia y por qué te colocaste en el camino inverso de la felicidad. Quién puede desgarrar los sueños de la infancia a golpes, quién puede desangrar las sonrisas de los niños, quién puede ser pirata de mares sin conquistar, que miserable ser puede malgastar la felicidad, qué horrible desfiguración humana puede quebrar el camino que recorría Mari Luz.
En tu barca, la de los sueños blancos de espuma y sal, azul cielo de nubes nacaradas, la que vislumbraba el horizonte rosado donde blandían las velas de tu velero. Allí, busca bajo las olas, sigue mirando el aleteo suave de los peces que cosquillean la quilla, mira tu rostro sonriente en cada golpe de mar y sella en tu pupila la foto que llevas contigo en tu viaje. Sigue escuchando la voz de papá mientras la brisa acaricia tus párpados y te los hace cerrar, sigue sintiendo la mano de mamá mientras mece tus sueños, y duerme, descansa en Paz.