domingo, 27 de diciembre de 2009

Luces -y sombras- de Navidad

En un mercado de mentiras, donde se venden sonrisas enlatadas, generosidad monetaria, solidaridad internacional y hambruna que suena cansina y tediosa me resulta difícil saber dónde está el límite de lo comercial con lo sentimental. Paseando a diario ves como han caído todas las barreras, menos las del control. Intentan dominarnos por más que lo neguemos, y lo peor, parece que actuamos con voluntad propia mientras caminamos de la mano ajena que nos `gepesea´ de un lado a otro. Si compras compulsivamente te detendrán los lavados de conciencia de los que menos tienen, el hambre que recorre el mundo, y te aplastarán los carteles solidarios para que complazcas con una moneda los kilómetros que separan tu vida de trono de las inmundas cloacas de la humanidad. Si decides llevar una vida rigurosa, acorde con los tiempos decadentes que corren, dirán que no ayudas a mantener el empleo, te obligarán a consumir allá donde vayas con campañas y golpes de vista de mil objetos innecesarios que prometen la felicidad eterna. Me he jurado hacer, con perdón o sin él, pero con el máximo respeto, ´lo que me de la gana´, que al menos será lo que yo crea oportuno hacer en cada momento. Si he de consumir, consumiré, si he de ayudar ayudaré, si he de reír reiré, si he de llorar escrutaré los motivos y veré si merece la pena, y si he de escuchar atentamente miraré a los ojos y observaré la credibilidad del emisor. No quiero que mi vida dependa de mil anuncios, ni de Intermon. Quiero que mi vida dependa de mi, y en Navidad, pueda elegir la banda sonora, el color de mi hogar, mis amigos, mi comida y los momentos en los que he de ser feliz con mi familia. Estoy hastiado de recetas de vida, yo no impongo ninguna, solo quiero ser feliz, y es tan particular, que los ingredientes solo los conozco yo, y te aseguro que no los vende el corte inglés.

3 comentarios:

Juanma dijo...

¡¡¡Bravo, bravo, bravo!!! Así lo pienso yo también, querido Miguel. Se empeñan en darnos e imponernos problemas de conciencia, siempre es igual. A mí todo eso me toca, y mucho, las narices. Hago lo que me da la gana y, como me quiero tanto, confío en que acierto en la mayoría de las ocasiones.
Cuando no lo hago, cuando me equivoco...ah, amigo, entonces aprendo.
Pero no somos los culpables del hambre del mundo. Ni tampoco somos los que la vamos a paliar. No nos engañemos. No nos engañen.

Feliz Navidad y un fuerte abrazo, querido Miguel.

dama dijo...

Por eso detesto la Navidad.
Feliz año.

Miguel dijo...

Juanma siempre una filosofía hábil y profunda. Son formas de ver la vida y de vivirla. Hagamos lo que queramos. Así es, Feliz año.

Dama a mi no termina de llenarme por lo supérfluo pero me gusta, tiene una magia que no quisiera perder nunca. Feliz año a ti también. Besos.