martes, 8 de julio de 2008

Cuando la falacia cicatriza en al ignorancia, en la desidia o en el acomodamiento. Cuando se caen los modelos ortodoxos, cuando los paradigmas facultativos salen de los libros sonrojados por la luz de la realidad. Cuando el volumen teórico se vuelve teorético, insípido y hasta huérfano de verdad se desmorona el esquema mental que sostenía mi deseo. Y es que tengo dudas profundas, cuestiones sin resolver y hasta alaridos nocturnos que desvelan mi conciencia pensando que doy yo el raro en un mundo de extraños. Primer contacto con la realidad informativa, con el trabajo de redacción, con mis compañeros, con la noticia, con la intensidad de la información contrastada y la sutil opinión maquillada. Y diría, sin acritud, el mayor desencanto de cuantos me dio la vida a veintisiete primaveras de aquel día. Soñaba otra profesión tan distinta que me resigno a creer que esto es la realidad, que esto es el periodismo, que así se trabaja y así se establecen las relaciones. Tengo dudas, pero quiero aclararlas de un plumazo, a golpe de micro, con una voz que llegue a comunicar, con la intención de cicatrizar la hemorragia inútil que me lo pide.

miércoles, 2 de julio de 2008

Lo odio...

Acabo de salir buscando el aliento fresco de la tarde. Aún me huele a primavera marchita en este habitáculo tan extraño. Necesito mi espacio y encontrar un edén ajardinado con tulipanes azules donde mi única molestia sea tu recuerdo. Se han oscurecido mis tardes antes de anochecer, amanece casi en el ocaso y apenas tengo tiempo para ver el sol en la hilera de días interminables que has tejido en la cremallera de mis ojos. Busco ráfagas en el flexo iracundo que pernocta en mi escritorio y no hago mas que derretir lágrimas en letras reconstruyendo una historia que debo olvidar. Siento el golpeo sudoroso rompiendo mi epidermis, puedo apreciar el jadeo incesante en los estertores del único ventrílocuo que me queda y no tengo fuerzas para detenerlo. No tengo miedo mas que a esta soledad angustiosa, a mirar sin ojos y ver la nada, a encontrar puertas cerradas que nunca se han abierto. Y vuelve mil veces el estúpido deseo de verte, de abrazar un suspiro de tu lenta respiración y detenerlo en mi aliento acariciándolo con sutileza. Doy golpes en toneladas de acero castigando mis decisiones, y el eco se silencia en paredes blancas acolchadas con la envidia que te tengo. Envidia de deseo, de miedo a hacer siempre este momento. Cuando cese la tormenta quizás no quiera recordarte, o tal vez no pueda, o simplemente no lo haga, pero no te olvidaré. Y no porque hayas sellado mis labios con el colágeno celeste de los tuyos, ni porque lleve tus ojos acristalados en mis pupilas, ni tan siquiera porque recuerde tu tacto sobre mi. No te olvidaré porque has hecho imborrable mi deseo, aún anida la semilla entre tus dedos y siento que me faltan pedazos que has ido escamando a millones de años luz. Cuando logre diseccionar el hilo membranoso que me une a tu desprecio, seré libre.
No hay mejor mañana que la que amanece, ¿ves porque odio soñar contigo? Llego tarde a trabajar...

domingo, 29 de junio de 2008

Lo Odio

..ese es el título del nuevo post... ...CONTINUARÁ.

domingo, 15 de junio de 2008

Se que has vuelto mil veces esperando encontrar un aliento reciclado. unas letras de esas paradisíacas de antaño. Me ahoga el tiempo o quizás la vagancia o la nefacta presencia mental de pruebas de conocimiento. Volveré pronto, mas no te vayas, porque será la señal de que las letras han perdido todo su sentido, de que se ha extinguido el poder de la comunicación y de tantas metaforas como se te están ocurriendo en este preciso instante. Volverán mis letras a cruzar el oceáno, con ese aire renovado de quien se sabe sin obligaciones sedentarias. Dame un par de vistazos a ese tocho de folios interminables.
Gracias como siempre por volver.

sábado, 10 de mayo de 2008

Mi Abril

Porque los momentos en la vida no se eligen, porque amanece sin pedir permiso y muere el sol en el ocaso sin permitir el suspiro de un solo rayo. Porque no puedo detener el segundero por más que mis manos resbalan en el minarete catedralicio, porque se turban pensamientos los recuerdos y sueños los deseos. Por todo ello, tenía que encontrarte aquella tarde, alunizando en mi tarde de domingo, agonizando pensamientos en el asfalto sediento de crepúsculo dominguero. Te cruzaste como un exhalación irónica que me despertó del letargo anodino en el que me sumergía. Al detenerme tu respiración agónica y tu expiración latente me golpeaba el corazón con lamentos lacónicos que me enternecían. Nunca pensé que llegara este momento, o al menos no lo imaginé así. Tuve la sensación de que soñaba mientras me mirabas clavando tus pupilas donde duerme mis más nobles sentimientos, sonrojando mi vergüenza y llamando al rincón donde anida el alma del pobre. Tu sedienta desesperanza, tu cansada melancolía y el rubor agonizante de tu voz me derrumbaba. Necesitaba darte un respiro, un suspiro de vida que clamabas con piedad. Es justo, es humano y es animal acogerte, recogerte de aquel asfalto sudoroso, de aquella tierra oxidada y polvorienta que dormía en tus pies a cada paso. Hoy me haces feliz con tu mirada, con tus gestos, tu sonrisa y tus palabras,- esas que dicen tus ojos a tu manera-. Abril, como el mes donde duermen los sueños de las princesas, de ojos dulces y armónicos, de mirada cómplice y aterciopelada. Has llenado mis tardes de paseos interminables, de juegos y de una alegría que me devuelve la vida que recuperas a pedazos en el rincón de mi casa. Si encontrara una sola persona humana que supiera ser como tu seguramente habría perdido toda mi vida rastreando, y aún así no sería tan dulce como tú. Recuerdo con alegría ese cuatro de mayo porque mis sueños encontraron tus deseos y di vueltas a todo, para coger de nuevo el diario y reconocer a página abierta que la dignidad, el amor, el respeto y la fidelidad, es el eufemismo del alma humana y la realidad del corazón animal.

viernes, 11 de abril de 2008

Corrientes obreras...

Andaba deambulando por los rincones a los que me gusta arribar, consumiendo horas de una tarde de viernes que tiene un sabor especial. Inhalaba letras de pura esencia castellana, vacilantes gazapos recogidos con la premura de una pluma cuyo iris detesta las aberraciones gramaticales. Me sumergía en ese pensamiento personalizado y catagoricamente imperativo escrito en fondo negro que visito a menudo, y en muchos más, aquellos cuyos autores desconozco pero a los que robo letras y momentos de soledad que comparto conmigo. En todos ellos, como empujados por el dominó-(nante) efectista que se diluye en la red, he observados sutiles cambios de estilo que no puedo negar les dan un tono aún más interesante, seductor y llamativo. Pero no por ello, he de deciros que sin la calidad de vuestros post, sería casi imposible que pudiera deshacerme en halagos. Me cuestionaba entonces la necesidad de dar un giro colorista, de líneas, de actualidad a mi blog, pero he llegado a la conclusión de que las corrientes publicistas con su marcado carácter marketiniano no me seducen lo suficiente, o quizás soy lo mundanamente vago para decolorar mis pautas, lo cierto es que me gusta lo añejo. Puede sonar a rancio, pero a mi me suena a bocoy con solera, a caldo manso que aromatiza las palabras y a regusto de lo de siempre. Hoy he decidido dejar el paraíso como se engendró, escribir sobre su manto verde, quizás por miedo a desgranar barbaridades sobre un blanco crudo, o sobre un negro hiriente, o sobre blanco delator, o rojo sangre. Hoy he decidido que los árboles que esperan sus flores, alzando sus brazos en la soledad lunar de su inconfundible violeta, sigan mirando a la tierra, con resignada flagelación, esperando respuesta de un planeta absorto. Me gustas, estás bien así, tengo demasiado trabajo para cambiarte, aunque lo intentara no lo lograría, o mejor, no encontraría nada de tu gusto, de tu medida, ese cajón confortable de colores acolchados donde duerman tus letras. Habrá que cambiar, renovarse o... seguir como estamos que por ahora, no me hiere en exceso, ya veremos mañana, de momento para el viernes vas bien con este traje paraíso.