Esa sensación tan maravillosa de mirar cada día al otro lado y poder verte, poder reconocerte, dedicarte lo absurdo y lo divino, los halagos y reproches. Esa sensación inmortal de encontrar allá lo que buscas o lo que ignoras, de hallarte, de poder salir del sueño prisionero para mirar desde otros ojos, pero verte finalmente.
Me pregunto, para cerrar este domingo, qué seríamos sin espejos.
Éxito de público
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Llegó con su bufanda granate, la carpeta bajo el brazo y esa hambre antigua
de aplauso que sólo envejece por fuera. El salón estaba lleno hasta la
última...
Hace 4 semanas

