Esa sensación tan maravillosa de mirar cada día al otro lado y poder verte, poder reconocerte, dedicarte lo absurdo y lo divino, los halagos y reproches. Esa sensación inmortal de encontrar allá lo que buscas o lo que ignoras, de hallarte, de poder salir del sueño prisionero para mirar desde otros ojos, pero verte finalmente.
Me pregunto, para cerrar este domingo, qué seríamos sin espejos.
Y el culpable estaba en el espejo...
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Leo a Benito Arruñada decir en *La culpa es nuestra* que la *culpa es
nuestra*, valga la redundancia, y muchos se habrán llevado un disgusto
porque lleva...
Hace 15 horas


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