Sigue muriendo espeso el sabor tibio en los labios, casi sin derretirse aú
n y buscando sonrisas de diciembre en un año ahogado en sinsabores y barrizales. La espesa niebla de un otoño gris como el verano emancipado de sus entrañas y caduco como la lluvia de este martes, no se disipa aún de mi horizonte. Ato nudos a destajo y sigue el vendaval golpeando con fuerza el mástil que apenas sostiene la mayor desgarrada y ensangrentada de espadazos de una furia eléctrica y feroz de la vida misma en sus avatares. Siempre hay luz, y calma, allende la tempestad, pero no por ello alzar la vista es menos doloroso, ni deja de caer el mundo en su esfericidad al vulgo terrestre frente a mis ojos.
Éxito de público
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Llegó con su bufanda granate, la carpeta bajo el brazo y esa hambre antigua
de aplauso que sólo envejece por fuera. El salón estaba lleno hasta la
última...
Hace 4 semanas
