Ya te dije que era innecesario todo esto, sabía que pasaría, sabía que algún día contártelo todo destrozaría la epidermis que nos separaba. Y se fue resbalando de tus manos como un juramento empolvado, como un verso cae de unos labios, como un juguete cae de las manos de un niño. Así, golpeándose contra el más rudo de los pisos, abatido entre paredes blancas que ruborizaban con su eco el arrebato. Así cayó lo nuestro, nuestro secreto, como el absurdo misterio que lo separaba de la vida. Y tal vez sea tu sonrisa cómplice, o el ardor de tus ojos, o el temblor de tus labios al callarse, o tus manos despedazadas en una carrera inmóvil hasta mis brazos, o aquellas palabras que silenciaste, o tus idas y venidas, o tus sueños, o aquello que pensabas y estaba escrito. Quizá por todo y por nada, por un puñado de lecturas que hicieron mis ojos al mirarte supe que nada tenía más importancia que tú, ni siquiera nuestro secreto.
Éxito de público
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Llegó con su bufanda granate, la carpeta bajo el brazo y esa hambre antigua
de aplauso que sólo envejece por fuera. El salón estaba lleno hasta la
última...
Hace 5 semanas

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