En un mercado de mentiras, donde se venden sonrisas enlatadas, generosidad monetaria, solidaridad internacional y hambruna que suena cansina y tediosa me resulta difícil saber dónde está el límite de lo comercial con lo sentimental.
Paseando a diario ves como han caído todas las barreras, menos las del control. Intentan dominarnos por más que lo neguemos, y lo peor, parece que actuamos con voluntad propia mientras caminamos de la mano ajena que nos `gepesea´ de un lado a otro. Si compras compulsivamente te detendrán los lavados de conciencia de los que menos tienen, el hambre que recorre el mundo, y te aplastarán los carteles solidarios para que complazcas con una moneda los kilómetros que separan tu vida de trono de las inmundas cloacas de la humanidad. Si decides llevar una vida rigurosa, acorde con los tiempos decadentes que corren, dirán que no ayudas a mantener el empleo, te obligarán a consumir allá donde vayas con campañas y golpes de vista de mil objetos innecesarios que prometen la felicidad eterna.
Me he jurado hacer, con perdón o sin él, pero con el máximo respeto, ´lo que me de la gana´, que al menos será lo que yo crea oportuno hacer en cada momento. Si he de consumir, consumiré, si he de ayudar ayudaré, si he de reír reiré, si he de llorar escrutaré los motivos y veré si merece la pena, y si he de escuchar atentamente miraré a los ojos y observaré la credibilidad del emisor. No quiero que mi vida dependa de mil anuncios, ni de Intermon. Quiero que mi vida dependa de mi, y en Navidad, pueda elegir la banda sonora, el color de mi hogar, mis amigos, mi comida y los momentos en los que he de ser feliz con mi familia. Estoy hastiado de recetas de vida, yo no impongo ninguna, solo quiero ser feliz, y es tan particular, que los ingredientes solo los conozco yo, y te aseguro que no los vende el corte inglés.
Siete años
-
No recuerdo el día que nos conocimos, ha llovido mucho y en la Plaza Nueva
ya no se coge el 17 que me llevaba al Polígono. Eran años de vespino,
Tremendo...
Hace 6 años


